Escultismo alrededor del mundo
3. En el Peñón
Temprano, en la mañana del quinto día de navegación, llegamos al estrecho de Gibraltar, donde las montañas de Marruecos, al sur, y las de España, al norte, forman la puerta del Atlántico al Mediterráneo.
Al final, el golfo de Vizcaya se portó bien con nosotros.
Tánger, la ciudad mora de blancas cúpulas, queda a unas catorce millas (unos 22 kilómetros), al otro lado del estrecho, de Tarifa, la ciudad amurallada y fortificada de la costa norte.
Poco después apareció ante nosotros el Peñón de Gibraltar, donde los cañones británicos vigilan el paso.
La gran fortaleza cuenta con diez fortificaciones subterráneas. Su episodio más célebre ocurrió en 1704, cuando los británicos, después de tomar la ciudad con la flota del almirante George Rooke, fueron sitiados y bombardeados durante seis meses por las fuerzas unidas de España y Francia.
Otro gran asedio fue el que duró de 1779 a 1783. De nuevo franceses y españoles unieron en vano sus esfuerzos para tomar esta importante fortaleza de roca, que resistió con éxito sus ataques bajo el espléndido mando del general Elliott.
El general Elliott había sido oficial de caballería en el 13.º Regimiento de Húsares y estaba muy acostumbrado a una disciplina estricta, hasta el punto de que la guarnición logró seguir su ejemplo. Todos los hombres habían aprendido a obedecer sin dudar ni discutir.
En fin, el ejército del general Elliott consiguió defender el Peñón, aunque durante un tiempo pareció que tendría que rendirlo. Pero el general se aferró como un scout y al final salió adelante.
Y desde entonces Gibraltar sigue siendo británico.
Gibraltar es un lugar muy importante y vale la pena explorarlo. Hay buenos caminos excavados en la roca viva para poder trasladar las tropas y los cañones de un punto a otro.
Hacia la mitad del Peñón llegamos a las famosas galerías. Son largos túneles que se adentran en la montaña, con grandes «ventanas» aquí y allá desde las que se pueden disparar los cañones, mientras las piezas y sus artilleros quedan completamente protegidos del fuego enemigo.
Estas «ventanas» o troneras están protegidas además por una especie de persianas de cuerda trenzada, que impiden la entrada de balas y de metralla y también la salida del humo de los disparos, que delataría la posición. Las galerías las ideó un hombre llamado Ince, empleado del Departamento Militar de Obras.
Después nos enseñaron otra maravilla de túneles y minería en el corazón del Peñón: ocho grandes depósitos excavados para almacenar agua.
Buena parte de la ladera este, casi treinta acres (unas doce hectáreas), está cubierta de chapa ondulada de acero para recoger toda la lluvia que cae allí y llevarla a los depósitos. Como es una pendiente muy inclinada, los hombres que trabajan en ella, ya sea para construirla o para repararla, tienen que sujetarse con cuerdas desde arriba.
Para ver los depósitos y el sistema de recogida de agua, cogimos un pequeño y gracioso ferrocarril que atraviesa la montaña de punta a punta, con vagonetas que se empujan a mano.
Fue muy interesante ver todas las fortificaciones, antiguas y modernas, repartidas por el Peñón. Y también ver, sobre la mesa del comedor del gobernador, las llaves de la fortaleza, que cada día lleva el sargento de la guardia, precedido por un tambor, para entregárselas a Su Excelencia.
Pero lo que más nos interesaba, y lo que principalmente habíamos venido a ver, era la estupenda multitud de boy scouts y girl guides.
Bajamos a tierra para comer con el gobernador, y al acercarnos al desembarcadero oímos los gritos de bienvenida de los scouts y las guías que nos esperaban en el muelle. También había scouts marinos en sus tres botes, alegremente engalanados con banderas en nuestro honor.
No era mi primera visita a Gibraltar ese año, pero cuando pasamos en verano yo estaba enfermo y no pude bajar a tierra; por eso fue una delicia volver a estar allí entre los scouts y las guías.
Entre ellos había cincuenta scouts españoles de Málaga, cuatro de Tánger, muchos scouts marinos y también un grupo de «antiguos scouts», es decir, hombres que habían recibido formación scout de muchachos.

Las guías, tan ingeniosas como siempre, estaban allí en gran número, acompañadas de varias seisenas de haditas (N. del T.: la rama menor de las Guías).
Su Excelencia, acompañado por Lady Harington, que llevaba el uniforme de las Girl Guides, dirigió unas palabras a los chicos y las chicas. Después, la Jefa Guía y yo pasamos una pequeña revista, les hablamos también y nos hicimos fotos con sus scouters y guiadoras.
Pasamos con ellos un rato de trabajo muy feliz. Cuando llegó la hora de volver al barco, Sus Excelencias nos acompañaron. Les dimos las gracias, nos despedimos y, en cuanto se retiraron, el Orama levó anclas y puso rumbo al Mediterráneo. Los scouts marinos daban vueltas a nuestro alrededor en sus botes para despedirnos mientras nos alejábamos.
Fue la primera reunión de nuestro viaje, y todo un éxito. Nos llevamos un recuerdo muy grato de Gibraltar y de nuestra familia de scouts y guías de allí.