Lecciones de la universidad de la vida · 10. Vida número dos
Análisis del plan scout de formación
1. Carácter e inteligencia
- Lo intelectual. Cualidades que se buscan: observación y deducción. Se cultivan con la práctica del escultismo y del rastreo de huellas.
- Lo cívico. Cualidades que se buscan: juego limpio, disciplina, liderazgo y responsabilidad. Se cultivan con los juegos en equipo, el trabajo de Patrulla y la Corte de Honor.
- Lo moral. Cualidades que se buscan: honor, caballerosidad, confianza en uno mismo y valor. Se cultivan con la Ley Scout, el trabajo scout y las actividades.
- Cualidades que se buscan: aprecio por la naturaleza, capacidad de disfrutar, expresión a través del arte, elevación de pensamiento, bondad hacia los animales y religión. Se cultivan con el estudio de la naturaleza, la astronomía, etc.
2. Salud y fortaleza
- La salud. Cualidades que se buscan: responsabilidad por la propia salud, higiene, continencia, templanza, etc. Se cultivan con la vida de campamento.
- La fuerza. Cualidad que se busca: desarrollo físico. Se cultiva con los juegos, la natación, la escalada, la trepa y las actividades al aire libre.
3. Artesanía y habilidades
- Cualidades que se buscan: habilidad técnica, aficiones e inventiva. Se cultivan con las pruebas de competencia técnica, la talla en madera, etc., y las insignias de más de 60 especialidades de artesanía.
Nota: además de fomentar la eficacia y ocupar las horas de ocio, este apartado ayuda a llenar los huecos de la formación del muchacho para su futura profesión.
4. Servicio y civismo
- Cualidades que se buscan: generosidad, deberes cívicos, respeto por los derechos de los demás, patriotismo, servicio a la patria, servicio a la humanidad, servicio a Dios y servicio a los demás.
- Se cultivan con las buenas acciones, los primeros auxilios, el salvamento, las brigadas contra incendios, los cuerpos de auxilio, la ayuda en los hospitales y el trabajo «misionero».
Una vez formadas las cualidades INDIVIDUALES, se encauzan hacia el bien de la comunidad.
El Jefe de Tropa
(N. del T.: Baden-Powell usa la palabra «Scoutmaster», que puede traducirse como Scouter, Dirigente o Jefe de Tropa).
La idea del Escultismo parecía muy buena en lo que tocaba al muchacho; pero, por muchas ganas que yo tuviera de llevarla a la práctica, quedaba por resolver una cuestión muy importante: conseguir adultos capaces de dirigir para que la organizaran en la práctica.
En gran medida, fueron los propios muchachos quienes resolvieron esta cuestión. Tuvieron el buen juicio de aceptar que necesitaban responsables adultos, y fueron preguntando a los hombres de su vecindario hasta encontrar a algunos dispuestos a ser sus jefes.
Yo había visto con mis propios ojos la espléndida entrega con que trabajaban, como voluntarios, los oficiales de las Boys' Brigades, y eso me había hecho comprender que en nuestro país había un gran número de patriotas dispuestos a sacrificar su tiempo y sus diversiones para hacerse cargo de los muchachos.
Pero nunca imaginé la enorme respuesta que darían aquellos hombres a la llamada del Movimiento Scout.
A ellos se deben el gran crecimiento y los resultados conseguidos hasta hoy.

Establecí que el papel del Jefe de Tropa no debía ser el del maestro de escuela ni el del oficial al mando, sino el del hermano mayor de esos muchachos: no separado de ellos ni por encima de ellos, sino uno más en sus actividades, que comparte su entusiasmo. Así está en condiciones de conocerlos uno a uno, de animar sus esfuerzos y de proponerles nuevas diversiones cuando el pulso le dice que la afición del momento empieza a decaer.
El término «Scoutmaster» no era nuevo. Es un viejo título inglés: Cromwell tenía Scoutmasters en su ejército, y el servicio de información estaba a las órdenes de un Scoutmaster General.
Uniforme
Para el muchacho, el uniforme es un gran atractivo, y como se parece a la ropa de los exploradores, al ponérselo se imagina directamente unido a los hombres de la frontera, que son sus héroes.

El uniforme crea también hermandad, porque, al haberse adoptado en todo el mundo, borra las diferencias de clase y de país.
Además, el uniforme scout es sencillo e higiénico (un paso que hoy sigue la moda) y nos acerca a nuestros antepasados. Nos acordamos de él cuando cantamos, en el fuego de campamento, la canción «Hombres de Harlech»:
¿De qué sirven los tirantes, las camisetas, los pantalones, las botas con cordones, las polainas o los sombreros que compras en sitios como Brompton Road? ¿De qué sirve la camisa de algodón, los gemelos que siempre se olvidan? Todas esas cosas son pura basura; es mejor la hierba.
Las ligas
Otro detalle del uniforme, pequeño pero importante, es el «Honi Soit», o sea, las ligas de las medias (N. del T.: juego de palabras con «Honi soit qui mal y pense», el lema de la Orden de la Jarretera; «jarretera» es una liga). No solo cumplen la función necesaria de sujetar las medias, sino que, como están hechas de la misma lana, proporcionan el material para zurcir los agujeros cuando hace falta. Las tiras que llevan en el extremo tienen colores que distinguen la rama de quien las lleva: rojo para los Rover Scouts y verde para los Scouts.
La insignia scout
Hace algunos años, poco después de que empezaran los Scouts, ciertos críticos acusaron al Movimiento de ser militarista.
Siempre que se pone en marcha algo nuevo, hay personas que se apresuran a buscarle defectos, muchas veces sin saber de qué se trata.
En este caso, decían que el Movimiento Scout se había creado para enseñar a los muchachos a ser soldados, y como prueba señalaban que su emblema era, según su descripción, «la punta de lanza, símbolo de la batalla y del derramamiento de sangre».
Me preguntaron por telegrama qué tenía que decir a eso. Contesté con otro telegrama: «El emblema es la flor de lis, un lirio, símbolo de la paz y de la pureza».
Pero no fue por eso por lo que el Escultismo la adoptó. En la Edad Media, Carlos, rey de Nápoles, llevaba en su escudo la flor de lis, de acuerdo con su ascendencia francesa.
Fue durante su reinado cuando el navegante Flavio Gioja hizo de la brújula de los marineros un instrumento fiable. La rosa de los vientos lleva las iniciales del norte, el sur, el este y el oeste. En italiano, al norte se le llamaba Tramontana.
Por eso Gioja puso una T mayúscula para marcar el norte. Pero, como homenaje al rey, combinó la letra T con la flor de lis del escudo real. Desde entonces, el norte aparece señalado con ese signo en los mapas y las brújulas de todo el mundo.
El significado que hoy debe leerse en la insignia de la flor de lis es que señala la dirección correcta (hacia arriba) y que, aunque se gire a la derecha o a la izquierda, siempre vuelve a su posición. Las estrellas de los dos brazos representan los dos ojos del Lobato, que debe abrir antes de ser scout, cuando consigue la insignia de Primera Clase, de dos estrellas. Las tres puntas de la flor de lis recuerdan al scout los tres puntos de la Promesa Scout: el deber para con Dios y el Rey, la ayuda a los demás y la obediencia a la Ley Scout.
El lema
El lema de los scouts es «Siempre listo» (N. del T.: en inglés, «Be Prepared»). Lo tomamos, como muchas cosas del uniforme, del Cuerpo de Policía de Sudáfrica. Los hombres de aquel cuerpo eligieron ese lema, por una parte, porque expresaba que estaban preparados para cumplir cualquier encargo en cualquier momento, y también porque tenía mis iniciales.

La flor de lis se ha convertido en el signo de los scouts en casi todos los países del mundo.
Para distinguir una nacionalidad de otra, cada país coloca su emblema «superpuesto» sobre la flor de lis.
En los Estados Unidos, por ejemplo, puedes ver delante el águila y el escudo nacional y, detrás, la flor de lis de la Hermandad Scout Mundial. Y así en todas partes.
El nudo
Debajo de la flor de lis y del lema cuelga un cordoncito con un nudo. Este nudo, como el que te haces en el pañuelo, sirve para recordar al muchacho que cada día debe hacer una buena acción a alguien.
El bordón scout
Y, ya que hablamos de indicadores del camino, hay otro que se usa en la mayoría de las Tropas: el bordón scout.
Es un elemento valiosísimo, casi imprescindible, para orientarse por un mal sendero de noche.
Varios bordones atados pueden formar un puente muy seguro sobre un río, o servir para construir un puesto de vigía, una torre de señales o un mástil para la bandera. También pueden usarse como barrera para contener a la multitud, o para hacer camillas y transportar heridos o el equipo de acampada de dos scouts.
Insignias de especialidad
Los muchachos no son los únicos a quienes les gusta llevar insignias. He oído hablar de hombres hechos y derechos que arriesgarían la vida, y la han arriesgado, por conseguir una medalla.
Así que, aunque pueda parecer poco ético apelar a esta pizca de vanidad del muchacho, creamos unas insignias de especialidad que cualquier Boy Scout puede ganar si se toma la molestia de prepararse y de aprobar los exámenes correspondientes.
Estas insignias se conceden por la competencia en materias como la carpintería, la natación, el socorrismo, etc., etc. Hay unas 60 materias distintas, entre las que todo muchacho debería encontrar una o más que le vayan.
Así se le anima a adoptar una afición, y un muchacho con aficiones, por regla general, no desperdiciará su vida.
Además, solo hay un criterio para juzgar si un muchacho merece una insignia: el grado de esfuerzo que pone en su trabajo. Esto es un estímulo directo para el muchacho torpe o desmañado, aquel en quien muchos fracasos han hecho nacer un complejo de inferioridad. Si se esfuerza, por torpe que sea, su examinador puede concederle la insignia, y eso suele animarle a seguir intentándolo hasta ganar otras insignias y convertirse en un muchacho de capacidad normal.
La insignia más alta es la Insignia Cornwell al Valor, creada en memoria del antiguo scout Jack Cornwell, condecorado con la Cruz Victoria, que murió a bordo del Chester en la batalla de Jutlandia, durante la Gran Guerra.
El rey Eduardo y los Boy Scouts
Después de escribir mi libro Escultismo para muchachos (Scouting for Boys), pensé, como es natural, que las organizaciones juveniles lo usarían en su trabajo y que a mí me quedaría poco más que hacer en ese terreno. Pero al poco tiempo, en la primavera de 1909, me di cuenta de que, al margen de esas organizaciones, cientos de muchachos estaban formando Tropas scouts por su cuenta.
Fue en 1909 cuando el rey Eduardo tuvo aquella conversación conmigo sobre el Movimiento. Aunque entonces apenas estaba en embrión, Su Majestad vio en él tantas promesas y posibilidades que me animó a seguir adelante, aunque me costara los ahorros que tanto me había costado reunir (como así fue).
Así que lo pensé y seguí adelante.
Se invitó a todos los scouts a reunirse conmigo cierto día en el Crystal Palace, y el resultado fue un desfile en el que se presentaron más de 11.000 scouts: la mayor concentración de muchachos que se había celebrado hasta entonces. ¡Y el Movimiento no tenía ni dos años!
Para mí fue todo un bombazo.
Comprendí que no podía compaginar la vida de soldado con el Escultismo. Tenía que dejar una de las dos cosas, pero ¿cuál?
Desde el punto de vista personal, tenía cincuenta y dos años y era teniente general, es decir, había llegado a lo más alto de la escala profesional que cabía esperar a mi edad. Pero, al mismo tiempo, sería una lástima dejar que aquel recién nacido se disolviera; y, además, no veía a nadie que pudiera o quisiera hacerse cargo de él por entonces.
Como he dicho, el rey me interrogó sobre este punto, y, sabiendo que había hecho completamente suya la idea, me puse en sus manos para que me dijera qué camino debía tomar. Al final estuvo de acuerdo en que el experimento scout era lo más importante.
Así que dejé el Ejército.
Su Majestad siguió demostrando interés por nuestros progresos. El 5 de mayo de 1910 se me citó en el palacio de Buckingham entre las tres y las cuatro de la tarde, porque el rey deseaba verme para hablar de un rally scout en Windsor.
Cuando llegué, el marqués de Soveral estaba con él, y yo esperé en la sala contigua. Cuando Soveral salió, un caballerizo vino a decirme que el rey no se encontraba bien y que solo quería comunicarme que en junio se celebraría un rally de Boy Scouts en el Gran Parque de Windsor.
Antes de mi visita, esa misma tarde, lord Islington había acudido a besar la mano del rey con motivo de su nombramiento como gobernador de Nueva Zelanda, y sir Thomas Robinson, agente general de Queensland, le había entregado un tintero de oro como regalo del gobierno de ese estado. Robinson fue el último visitante oficial que vio al rey; yo solo le oí a través de la puerta abierta.
Al día siguiente, aunque estaba indispuesto, el rey se empeñó en levantarse y vestirse. Mandó llamar a sir Ernest Cassel y estuvo hablando con él. Ese día, el caballo de Su Majestad, «Bruja del Aire», ganó en Kempton Park. Recibió la noticia con mucha alegría hacia las cinco, pero por la noche sufrió un desmayo y lo acostaron. Murió a las once y cuarenta y cinco.
El aliento que nos dio el rey Eduardo lo secundó plenamente Su Alteza Real el duque de Connaught, que, viendo las posibilidades del Movimiento ya en aquellos primeros tiempos, aceptó su presidencia y desde entonces lo ha apoyado de todo corazón.
He recibido cartas de aliento de hombres destacados como lord Roberts, lord Rosebery, lord Grey, el almirante lord Charles Beresford y otros; pero lo que más me animó fue contar con la aprobación y los consejos de mi madre. Educadora ella misma, vio en el Escultismo posibilidades aún mayores de las que yo había soñado.
El rey Jorge pasó revista a los scouts en el parque de Windsor, tal como lo había planeado el rey Eduardo, y ha manifestado a menudo su vivo interés por el Movimiento.
Desarrollo del Movimiento
Así nació el Movimiento Scout. Su historia y su crecimiento posteriores los ha relatado de maravilla E. K. Wade en su libro Veintiún años de Escultismo (Twenty-One Years of Scouting).
La guerra
El Movimiento era todavía muy joven, solo tenía seis años, cuando estalló la guerra. Pero estaba sano. Los muchachos habían desarrollado el espíritu adecuado y estaban todos deseando prestar un servicio al país. Hubo hombres y mujeres que ocuparon el lugar de los Jefes de Tropa que se habían ido al frente, y donde no los había, los muchachos mayores tomaron el mando y sacaron adelante las Tropas.