Lecciones de la universidad de la vida
Mis disculpas
¡Qué buena es la vida del hombre, el simple hecho de vivirla!
Robert Browning
Este mundo en que vivimos es muy difícil de vencer: desde luego, cada rosa tiene espinas, pero ¿acaso no son dulces las rosas?
Frank L. Stanton
«Nadie puede pasar por la vida, igual que nadie puede cruzar un trozo de campo, sin dejar huellas, y esas huellas pueden ser útiles muchas veces a quienes vienen detrás buscando su camino.»
Siempre recuerdo las palabras de despedida de mi viejo tutor: «Muchacho, nunca…». No las escribiré aquí. Como un tonto, no les hice caso, y lo pagué, y lo pagué. Si tuviera un hijo, se las repetiría con mucha más insistencia. ¡Qué tontos somos de jóvenes! Nos creemos sabios y olvidamos que los mayores se han graduado en la universidad del mundo, la más grande de todas, y que deberíamos aprender de ellos cada día.
Janes, en la Fishing Gazette
No quería escribir esta historia sobre mí mismo: una verdadera biografía está llena de egoístas repeticiones del «yo». Pero muchas personas me han pedido que cuente algunas de mis experiencias, porque podrían ayudar a los jóvenes a orientar su vida.
Así que escribo sobre todo para ellos —y bajo la palabra «muchachos» incluyo tanto a los chicos como a las chicas—, teniendo en cuenta que yo he pasado por esa universidad del mundo de la que hablaba la cita anterior.
No me propongo hacer una biografía formal que empiece por la niñez y avance año tras año por mi vida. Será más bien una especie de mezcolanza, como un plum-pudding (N. del T.: pastel de Navidad típico de Inglaterra, hecho con ciruelas pasas y una buena cantidad de ingredientes), en el que me temo que las ciruelas serán pocas y tendrás que sacarlas tú mismo de entre toda la masa.
Cómo llegar a ser rico
Pensarás que, durante mi paso por el mundo, lo he pasado tan bien como el que más, así que puedo escribir con conocimiento de causa.
Hace poco, un periodista del Manchester Guardian (N. del T.: periódico inglés) al que no conozco me describió como «el hombre más rico del mundo».
Suena exagerado, pero, pensándolo bien, creo que no anda del todo errado.
Un hombre rico no es el que tiene una olla llena de dinero, sino el que es verdaderamente feliz. Y yo lo soy.
He conocido a muchos millonarios que no eran felices: no tenían todo lo que querían y, por tanto, no habían logrado triunfar en la vida.
Un proverbio cingalés dice: «El que es feliz es rico, pero de ahí no se sigue que el rico sea feliz».
El hombre verdaderamente rico es el que tiene pocos deseos.
Pocas biografías ofrecen ideas útiles para triunfar en la vida, pero ninguna mejor ni más inagotable que la de Cristo.
Si has leído Roverismo hacia el éxito (Rovering to Success), te habrás dado cuenta de que, para mí, triunfar en la vida es ser feliz. Y la felicidad, como dice sir Henry Newbolt, se consigue sobre todo haciendo felices a los demás.
Algo de lo que muchos muchachos no parecen darse cuenta al principio es que el éxito depende de uno mismo, y no de la suerte, de los enchufes o de los amigos poderosos.
He repetido una y otra vez que el objetivo de los Movimientos de Boy Scouts y de Girl Guides es formar hombres y mujeres que sean ciudadanos sanos, felices y serviciales.
Los hombres y las mujeres que consiguen reunir estos tres atributos se han asegurado los elementos principales para triunfar en la vida.
El otro día me preguntaron si podía resumir en pocas palabras, digamos en cincuenta, mi idea de la mejor forma de vivir la vida.
Contesté que podía hacerlo en tres: UN MATRIMONIO FELIZ. Quiero decir que quien consigue el cariño duradero de una esposa verdaderamente buena ha conseguido el elemento más importante para triunfar en la vida.
Y por matrimonio feliz no entiendo una alegre luna de miel de unas semanas o unos meses, seguida de una tolerancia mutua, sino una luna de miel que se prolonga a lo largo de los años. Experto crede! (N. del T.: expresión latina que significa «cree al experto»).
Aún hace falta otro elemento para que el éxito sea completo: entregarse al servicio de los demás en la comunidad. Sin él, la mera satisfacción de los deseos egoístas nunca llega a su plenitud.
Mi doble vida
Otra excusa para atreverme a escribir es que he tenido la experiencia, única, de vivir a lo largo de mi vida una doble vida.
¡No quiero decir exactamente lo que estás pensando!
Vida número uno. Me refiero a que empecé a vivir mi vida al salir de la escuela, como joven oficial del ejército, y que, gracias a una suerte extraordinaria unida a un amor inexplicable por mi trabajo, ascendí rápidamente por los sucesivos grados.
Aquella vida tuvo el romanticismo de conocer países extraños a costa de mi propia patria, con destinos sucesivos en la India, Afganistán, Sudáfrica, África Occidental y Egipto. Hubo campañas, deporte y camaradería; hubo también penalidades, enfermedades y despedidas, que eran las sombras que le permitían a uno apreciar mejor la luz del sol.
Hice trabajos grandes y pequeños. Como ayudante, como comandante de escuadrón y, por último, como coronel al mando de mi regimiento, tuve en su momento las responsabilidades más gratas que pueden tocarle a un hombre, y en todas ellas estaba en contacto directo con mis compañeros.
Pero me llegaron trabajos todavía mayores, de los que hablaré en un capítulo posterior: formar un contingente de exploradores nativos para la expedición de Ashanti, actuar como jefe del Estado Mayor en la campaña de Matabeleland, mandar aquel gran número de hombres y mujeres que defendieron Mafeking en la guerra de los bóeres y, la mayor de todas, organizar la policía de Sudáfrica (South African Constabulary) para estabilizar el país después de esa campaña.
Por último llegué a lo más alto de mi rama del servicio como inspector general de Caballería, lo que me animó a preparar a nuestros centauros para la Gran Guerra, cuando llegara.
Así, a la «temprana» edad de cuarenta y dos años, me encontré con el grado de mayor general (N. del T.: equivale al de general de división) y a los cincuenta y tres, tras un maravilloso golpe de suerte, terminé mi carrera de soldado y me retiré con mi pensión.
Vida número dos. Entonces empecé la vida número dos, algo totalmente nuevo: una vida en un plano distinto, aunque parecida a la primera, que incluía el Escultismo.
Me casé con la que iba a ser mi mano derecha para criar no solo a nuestros hijos, sino también a la gran familia de los Boy Scouts y las Girl Guides, cuando llegaron a existir.
Tuvimos la extraordinaria experiencia de ver crecer estos Movimientos desde la tierna bellota de veinticinco muchachos acampados en la isla de Brownsea hasta una hermandad que abarca casi todos los países civilizados del mundo, con un censo este año de dos millones novecientos mil miembros.
Bueno, esta es mi vida en pocas líneas. La resumo para que veas el rumbo general que tomará este libro al tratar algunos de sus detalles.
